“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría.” Proverbios 3:13

La sabiduría es temer a Dios y hacer lo que es agradable para él. Yo gano sabiduría a medida que soy libre de ver y responder a las situaciones de la vida de acuerdo a mis tendencias naturales, que están influenciadas por el pecado. En cambio, aprendo a ver y responder de acuerdo a la voluntad de Dios. Esto sucede cuando no estoy interesado en buscar lo mío propio, o en tener mi propia voluntad. (Santiago 3:13-18) Entonces actúo sólo por el amor y el deseo de vivir rectamente delante del rostro de Dios, con intenciones puras de cualquier tipo de búsqueda del propio beneficio o comodidad. Cuando la sabiduría guía todos mis caminos, entonces la voluntad de Dios se hace en la tierra como en el cielo. Entonces no hay pecado que arruine mi experiencia de vida, y mis posibilidades están abiertas. Hacer la voluntad de Dios es sabio, porque significa que las cosas se hacen de la mejor manera posible, con el mejor resultado posible.

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” Santiago 1:5.

La Palabra de Dios enseña sabiduría

Aprendo sabiduría de la palabra de Dios, de los mandamientos escritos en las escrituras. Tal vez alguien dijo algo negativo sobre mí, o sobre alguien que me importa, y mi reacción es tomar represalias con ira. ¿Es esto sabiduría? No, esta es una reacción puramente humana, basada sólo en mi sentido natural de auto-preservación. “El enojo reposa en el seno de los necios”. Eclesiastés 7:9. Pero Jesús dijo, “bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.” Lucas 6:28. ¡Esta es la sabiduría, que se hace evidente, cuando ves el resultado del ser obediente a las palabras de Jesús! Reaccionar de acuerdo a la palabra de Dios causa justicia y bendición para prevalecer. Por otro lado, responder de acuerdo al pecado en mi carne sólo causa que las cosas malas crezcan y se agraven, llevando a una profunda infelicidad, para todos los involucrados.

Sin embargo, estas palabras son sólo conocimiento para mí hasta que yo, personalmente, haya vencido al pecado a través del poder de Dios en obediencia a lo que está escrito. Cuando he vencido la amargura, el odio, la ofensa, el rencor, hablar mal de otros, etc., entonces la amabilidad, la bondad, el amor y la mansedumbre se convierten en virtudes que poseo como mi propia naturaleza. Entonces las palabras de Jesús se convierten en sabiduría en mí, no sólo en conocimiento. No es sólo algo que yo sé, sino algo que he experimentado y ganado como un tesoro personal.

La sabiduría revela el gran misterio de la vida: que vivir para mí y en mis propios intereses no satisface, mientras que vivir totalmente para Dios y en obediencia a su palabra trae gozo y paz y vida en abundancia.

“Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; Y adquirir inteligencia vale más que la plata.” Proverbios 16:16.

El futuro sólo se pone mejor

Puedo crecer constantemente en la sabiduría, siempre y cuando camine por el camino que Dios ha puesto para mi vida y con el deseo de hacer la voluntad de Dios.

Crecer en sabiduría, significa que estoy liberado de la indiscreción, de las reacciones tontas, y de hacer las cosas “en el calor del momento” que más tarde lamento. Significa que dejo de actuar de maneras que son hirientes para mí mismo y para las personas con las que interactúo en mi vida. La sabiduría me permite ver claramente, conocer la manera correcta de hablar y actuar, de conocer el consejo adecuado para dar cuando otros necesitan ayuda y amor, para ver la verdad de un asunto, y para juzgar entre el bien y el mal. Me vuelvo diligente – las cosas que hago adquieren un significado y propósito. La sabiduría nos da el entendimiento de los misterios de la vida. Hace la vida clara, simple y directa, en lugar de confusa, ansiosa y dudosa. Esta sabiduría proviene del humillarme a mí mismo, del admitir que no hay entendimiento en mi propia sabiduría, y buscar continuamente las cosas de Dios.

Crecer en sabiduría, significa progresar en el camino para ser transformado, de mi propia naturaleza humana, comprensión humana, y reacciones pecaminosas; a las virtudes e imagen de Cristo. (Romanos 8:29) Cuanto más sabiduría obtengo, más anhelo, y Dios es capaz de mostrarme mucho más donde necesito renunciar a la necedad de mi propia voluntad para liberarme del pecado.

La sabiduría nos libera de inutilidad, del sinsentido, de incompetencia, del vacío, de vanidad, de superficialidad y del vivir en vano. Nos da una apreciación por todo lo que es verdadero y noble; por todo lo que es de Dios.

“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría…
Sus caminos son caminos deleitosos,
Y todas sus veredas paz.
Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano,
Y bienaventurados son los que la retienen.”
Proverbios 3: 13-18.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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